Como miembro activo del Movimiento del Software Libre, no paro de ver como la discordia y las “guerras santas” proliferan dentro del Movimiento y con el Movimiento del Open Source.

Unas distribuciones se alzan contra otras, usuarios contra usuarios, desarrolladores contra desarrolladores, empresas contra empresas, y todos contra todos.

Basta la más mínima declaración para generar inflamadas represarías,  basta una pequeña chispa para hacer explotar el arsenal.

No son una novedad las diferencias filosóficas que existen entre los que apoyan al Open Source y los que apoyamos el Software Libre. Lo grave del enfrentamiento es que si bien no pensamos igual, somos movimientos afines, con matices muy importantes y con una motivación diferente, pero que tenemos como competidor común al software privativo. Y el centrar nuestras energías en combatirnos, nos hacen perder el objetivo central que es combatir el software no-libre.

Esto que escribo es ante todo una autocritica personal,  y también una autocritica al Movimiento al cual pertenezco, el del Software Libre.

Ya es hora de que dejemos de pelearnos y que cada distribución generé el mejor resultado posible, de acuerdo a su filosofía, desechemos lo que no nos sirve, y tomemos lo que si nos interesa del otro.

Debemos trabajar “juntos pero no revueltos”, no renunciar a nuestros ideales y señalar siempre todo aquello que afecte a nuestra visión particular, pero evitar generar guerras, evitar tratar a los usuarios como imbéciles.

Hay que hacer proselitismo de nuestras ideas, pero teniendo claro que el único que en definitiva decidirá que software utiliza, es el usuario, motivado por su cultura y sus necesidades particulares.

Sabemos que el software privativo es malo, pero no podemos imponer nuestra percepción, es inevitable al menos a mediano plazo, la existencia del software semi-libre y privativo.

Debemos adaptarnos a un sistema de coexistencia de modelos, más allá de que pensemos que el software privativo es inmoral, no podemos borrarlo de la faz del mapa autoritariamente, ni tampoco podemos pretender que los usuarios lo dejen de usar sin  estar convencidos de las ventajas sociales de esa renuncia.

Una distribución de GNU/Linux por muy libre que sea, debe evitar distribuir software privativo, pero no debe realizar modificaciones del software deliberadamente para impedir la instalación de software no-libre, sino que debe educar en Libertad a sus usuarios.

La inclusión de medidas para evitar la instalación de software privativo subestiman al usuario, y generan software defectuoso por diseño.  No debemos gastar energías en hacer nuestras distribuciones compatibles con el software no-libre, pero tampoco es correcto impedir su instalación, porque de esa forma el desarrollador esta imponiendole al usuario lo que su computadora debe hacer.

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